jueves, 26 de mayo de 2016

23:49

Tamborilean mis dedos en tu espalda, amanece la ventana. Niña, no te hagas la dormida, ya agotamos las mentiras de sal ayer. Otros cien días, cien brisas que han revoloteado por la habitación, y la primera hoja que se cuela y baila.

El mismo vestido que ayer arrastrabas por la orilla, caminando de madrugada, descansa desmadejado en la esquina. Quitabas arrugas de mi camisa -¿no te planchas nunca la ropa? - claro que no.

Pende la duda un momento sobre nosotros.Pero hay otras cien sombras en la habitación que saben la respuesta. Hace frío ya.

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